destacados, Educación, Reportajes, Sociedad — 12 octubre, 2015 at 10:37 pm

Centro Emaús “La pobreza no es hereditaria”

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El centro Emaús, dependiente de Cáritas, lejos de cualquier adoctrinamiento acoge cada día a más de una treintena de niños provenientes de familias con dificultades –que no pueden garantizar su alimentación– asumiendo a la vez la responsabilidad de controlar sus tareas educativas y de mostrarles un camino y un futuro diferente. El rostro de la solidaridad lo conforman un centenar de voluntarios que dan carta de normalidad a las rutinas diarias de estos pequeños. Por delante un camino en el que integración, trabajo, apoyo, afectividad, compañerismo, respeto, comprensión, paciencia o tolerancia, representan los principales valores de este proyecto multicultural que ha cumplido su primer año de vida.

 

La salida de los colegios marca el comienzo de la actividad en el Centro Emaús de Elda. Allí, aguardando a los pequeños, se preparan los voluntarios que en turnos controlan las meriendas y las tareas posteriores. En el patio se forman por filas antes de entrar al comedor y previo paso por el aseo, ya que las rutinas tienen como objetivo el marcar hábitos saludables. Los voluntarios controlan la llegada y el tiempo en el que los pequeños meriendan. Otro grupo –incluida una de las madres– trabaja en la cocina y se preparan ya las bolsas de los desayunos para el día siguiente; bocadillo, cereales, fruta y zumos. El origen y la diversidad cultural de los pequeños marca diferencias en la comida. “Cuando ponemos carne en los bocadillos, los árabes toman atún, pero la comida es muy variadas e igual toman tortilla de patatas que pizza. Algunos no conocían el tomate ni la lechuga y aquí lo vamos introduciendo”. La organización es la base del funcionamiento del centro y tras un año de trabajo, aseguran, “hemos aprendido de forma acelerada”. Tanto los niños como a los voluntarios lucen sus identificaciones y el paso posterior es el reparto por grupos para hacer las tareas escolares. Después llegará un tiempo de ocio, repleto de actividades, antes de volver a casa.

El director, Francisco Martín, en el patio, espacio desde el que acceden los niños al comedor.

El camino para llegar a Emaús es a través de Cáritas. “Desde que existe la mesa ISAE sabemos que no hay duplicidades y que los niños que llegan es porque lo necesitan. Sabemos que tenemos casos extremos y tienes que llegar a sentarte con los padres para hacerles comprender que es imposible tener un hijo sin escolarizar a los 11 años. Servicios Sociales está muy al tanto pero uno de nuestros objetivos es también erradicar el absentismo”. Muchos de estos chavales, entre 5 y 12 años, proceden de culturas en la que diferencian entre labores de hombres y mujeres y desde Emaús se trabajan valores como la igualdad acoplados a las tareas diarias. “Aquí todos son iguales y si una semana toca ser el responsable de comedor, también tocará limpiar una pizarra, recoger o barrer. Las tareas y las responsabilidades son rotatorias sin diferencias de género, aunque a algunos les extrañe”.

Objetivo

El director del centro, Francisco Martín, recuerda que la idea original de Eamús nace para apoyar a las familias con problemas y ante la necesidad de actuar desde la base con los más pequeños. “Primero pensamos en dar meriendas y en almuerzos, pero nos dimos cuenta que esto debía ser sólo una herramienta. Queremos que estos niños, dentro de unos años, tengan un poso de todo lo aprendido y de su paso por aquí. Que entiendan que la situación en la que viven, a la que sus padres han estado abocados, no tienen porqué continuarla –la pobreza no es hereditaria–que sepan que con su esfuerzo todo puede cambiar y que la situación en la que viven no tienen porqué continuarla”. Martín relata detalles sobre las graves dificultades en la que viven la mayoría de estas familias, algunas con tremendas carencias habitacionales y alimentarias.

El proyecto tuvo su origen en la Parroquia de Santa Ana, pero fue asumido desde el comienzo por Cáritas. “No tendríamos pulmón para aguantar los gastos que se generan tanto en comida .El año pasado repartimos 11.400 bocadillos y la misma cantidad de piezas de fruta, zumos, etcétera, y afortunadamente se han sumado instituciones como Caixapetrer, las cofradías de Semana Santa, de los Santos Patronos, comparsas de Moros y Cristianos, Rotarios, la Junta Central con el Tenorio y en fin, mucha gente que ha colaborado económicamente. El pasado año, entre poner el centro en marcha, y el funcionamiento del curso, gastamos 12.000 euros”. El material escolar es otro de los gastos a sumar para la realización de las tareas diarias. “Es curioso ver las listas de material que algunos traen de los colegios que, por supuesto, son imposibles de asumir por estas familias que no tienen para lo más básico”

Grupo de voluntarios, en la cocina del centro, durante las meriendas

Voluntarios

En Emaús precisan tanto ayuda económica como humana. “El año pasado tuvimos más de un centenar de voluntarios y este año tenemos casi cien. Esto es muy transversal y muy heterogéneo. Lo mismo tenemos personas que están empezando la carrera o estudiando magisterio, pero no existe un perfil. Los ubicamos según sus preferencias en diferentes tareas. En pedagogía hay tanto estudiantes como personas ya jubiladas o con nivel educativo suficiente para poder ayudarles. Todos tienen que tener claro que la mayoría de los niños lo que necesita es cariño, que les ayudes, que les acompañes en los deberes, pero ante todo que les des cariño”.

Simbología

El director del centro deja claro que no existe ningún tipo de adoctrinamiento “Es cierto que la casa que habitamos es un centro parroquial. Pertenece a Santa Ana y por lo tanto a la iglesia –la caridad no es nueva para la iglesia– y lo que está claro es que ni a los niños ni a las familias, ni por supuesto a los voluntarios, se les exige nada en este sentido. Hay símbolos religiosos, puesto que estamos en esta casa, sabemos a qué pertenece y también que los que estamos al frente del proyecto lo hacemos por nuestro compromiso cristiano, que nos ha llevado a decidir estar aquí. Pero esto es algo que dejamos muy claro a los voluntarios; no se les pide nada en este sentido, sólo voluntad y ganas. Por decirlo claro; aquí no se reza, la buena voluntad no depende de religiones. La fe es una cosa entre Dios y uno mismo”

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