Costumbrismo — 9 abril, 2014 at 8:58 am

Cinema Paradiso o Lo que el viento se llevó

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Miguel junto al proyector en la cabina

Miguel Sáez Ruano fue testigo de los mejores momentos del cine en la ciudad.Aprendiz de operador ya en 1936, el paso por las cabinas de los cines Castelar, Ideal y Gloria marcaron la vida de este hombre que adoraba de forma extrema “Lo que el viento se llevó”.

Su vida entre focos y bobinas, de lunes a domingo, pondría en su camino a la que más tarde sería su esposa. El banquete nupcial se celebró, como no podía ser de otra forma, en un cine de verano. Su historia entre películas tiene un final que él mismo escribe de puño y letra, en junio del año 1985, en el cine Gloria. El rescate de su memoria ha sido posible gracias a sus dos hijas y a su propio testimonio oral, rescatado de una entrevista concedida a Radio Vivir y guardado en una cinta. Sus palabras nos sitúan en la Elda de posguerra, con largas colas a diario para entrar en los cines, y nos permiten saborear el chusco de pan con aceite de 10 céntimos comprado en la repostería.

Miguel soportando el calor de la cabina

Miguel Sáez había  nacido en Almansa en 1921 pero su llegada a Elda se produce pocos meses después. Su destino, pese a que aprendiese un oficio en la industria local al que dedicaría  media jornada, estuvo ligado desde su adolescencia al cine, ya que en el año 1936 comienza a trabajar como aprendiz de operador en el teatro Castelar a las órdenes de Enrique Esteve. Años más tarde, en 1943, Miguel se examinaría como operador en Alicante[1] y relata en una entrevista la dificultad que había a la hora de conseguir el carnet que expendía del Gobierno Civil. “ Nos examinaban de una parte teórica y otra práctica, al día siguiente, en el antiguo cine Monumental Cinema” y detalla las “trampas”, como colocar la cinta al revés, que les preparaban los examinadores. Pese a todo Miguel llegó a Elda con su permiso y siguió trabajando en el cine Castelar hasta que en 1945 pasó al cine Ideal de verano. “ La empresa quería hacer el cine de invierno y comenzaron a levantar las paredes para inaugurarlo en navidades, pero al final se abrió en marzo de 1946. La primera película que se proyectó en sus pantallas fue la vida de Strauss en Le grand vals. Otro detalle curioso es que, debido a la guerra civil, la empresa tenía acumulado mucho material de películas extranjeras por lo que para darle salida hubo cambio de programa a diario durante los dos primeros meses. Posteriormente serían dos programas semanales.

El precio de la entrada era de 3 ptas y cuando comenzaron las películas en color se subió a 5 ptas.  Las colas de cientos de personas se sucedían en todos los cines. “No había otra cosa y todos los días se llenaban  el Coliseo, el Castelar, el Cervantes y el Ideal. Por 10 céntimos te daban un rosco de pan tostao con aceite  y por 3 perras, 15 céntimos, te ponían mantequilla” En aquellos momentos regentaba la repostería del Ideal, según cuenta, El Fondonico.Sobre la censura relata que las películas llegaban provistas de un cartón del Ministerio de Cultura en el que se puntualizaba el título, los metros, si era en versión original y la leyenda “ Ésta película ha sido autorizada con los cortes que en el dorso se datan”.

En una ocasión un policía local subió muy airado a la cabina pidiendo la comparecencia del operador. “ Me pidió el cartón de la censura para saber si estaba correcta la proyección”.

Sobre películas polémicas recordaba a Gilda y también anécdotas sobre la fragilidad del material que  manejaban y su combustión. “ las películas ardían con mucha facilidad”.

Cinema Paradiso

El destino enlazó la vida personal de Miguel  con su pasión por el cine. En el Castelar conoció a la que sería su esposa, Dolores Monzó, ya que era la hija del aposentador del teatro. Dolores llevaba la cena a su padre y fue en ese escenario dónde nació una historia de amor que hoy relatan sus hijas, Vicenta y Dolores. “ Nuestra madre tenía novio entonces  pero se enamoraron y al final se hizo novia de nuestro padre”. La pareja se casó en el año 1954, tras una larga enfermedad de Dolores que la llevó a estar ingresada en un sanatorio, el Porta- Coeli. “ Nuestro padre daba ideas de cómo poder visionar bien las películas, cuando iba a verla, ya que los enfermos veían en cine en una sábana que se ataba de árbol a árbol y les habló del cine de verano y la posibilidad de proyectar sobre una pared”.

Miguel y su esposa junto a los músicos

La boda se celebró un 9 de septiembre, festividad del Cristo del Buen Suceso, y el convite se llevó a cabo en el cine Gloria de verano, que posteriormente se convertiría en la pista Paz. Como anécdota cabe destacar que una de las bandas militares que actuaba ese día en la ciudad pasaba por la puerta del cine cuando vieron que allí había una boda y se sumaron.

“ Los músicos tocaron en el interior y les convidaron a quedarse”. Las imágenes del momento así lo reflejan. Miguel y Dolores tuvieron su particular sesión de música en vivo en una fecha tan señalada y sobre el escenario que marcó sus vidas, el cine.

En su luna de miel, en Madrid, la salida más importante fue para ir al cine. “ Proyectaban en cinemascope La Túnica Sagrada, y allí llevó a nuestra madre y a una tía que había viajado con ellos para ir al médico”.

Durante años Dolores, y después sus hijas, se encargaron de llevar la cena a Miguel los fines de semanas. “ Si nos gustaba la película nos quedábamos”. Hay que destacar que no existía descanso y se trabajaba de lunes a domingo. Miguel comenzaba su horario laboral por las mañanas, como cortador, y las tardes las ocupaba en su verdadero oficio, el de operador. “ Llegaba temprano para repasar las películas antes de que comenzase la sesión”

De la importancia de los estrenos sus hijas recuerdan haber oído a su padre la presencia de estrellas del celuloide, como Pili y Mili, en el estreno de una de sus películas. También su trabajo, en el Castelar, cuando habían funciones de varietes con estrellas consagradas proyectando los cañones de luces sobre el escenario.

Minucioso

El hecho de que Miguel Sáez fuese una persona ordenada y meticulosa en su trabajo nos ha permitido saber con precisión detalles sobre las proyecciones. De su registro personal, libretas dónde anotaba el año, día y mes, títulos, casa de películas y la clasificación, podemos ver que, por ejemplo, del 11 al 17 de octubre de 1963, se proyectó en el Gloria el No-Do 1080 ( de la casa Mateu, 1 parte y noticiario) junto con La leyenda de Robin Hood ( Metro, 1 parte, dibujos en color) y Hotel Internacional ( Metro, 13 partes, drama, color).Éste valioso documento nos permite ver la evolución que el cine, respecto al desarrollo de la sociedad, iba registrando con el paso del tiempo.

Entrada para el cine Ideal 1979

Las anotaciones siguen de manera precisa durante años y su último cuaderno, que comienza en 1971 aún con el No-Do, finaliza en el año 1985. En la columna de la última proyección, tras la anterior fechada desde el 6 al 10 de junio, aparece la palabra relieve y el título Enmanuelle 4ª ( casa Izaro, 10 partes, dramática, 1,40 )

Fin del Cine Gloria es la última leyenda que escribe en esta libreta que acababa también con la carrera de este operador, que vivió con intensidad un oficio que le permitía sumergirse también en el halo mágico de sus películas.

Lo que el viento se llevó

En el legado de Miguel, custodiado por sus hijas, pueden verse sus carnets de operador y del sindicato, así como alguno de los libros que leía para completar su formación. Programas de mano, entradas de cine, lupas de aumento para ver las cintas, carretes y un universo mágico en el que incluso aparecen las anotaciones, sobre el reverso de la etiqueta de una cinta, de su película favorita, Lo que el viento se llevó, y que reza al final

Anotación de la última película proyectada en el cine Gloria

“ Sola y sin descanso 3 horas y 39 minutos”.

Miguel pasó sus últimos años viendo cine y asistiendo a los partidos del Deportivo, algo que jamás pudo hacer mientras su vida estuvo ligada de manera constante al cine. Sus fotos, algunas en camiseta, reflejan el calor que se vivía en las cabinas en dónde trabajaban al principio, con enormes y rudimentarios proyectores, dos operadores. Miguel falleció en 2007 y aún hoy su imagen, junto a las máquinas, nos trasladan a ese Cinema Paradiso que todos llevamos dentro, a ese lugar mágico en el que la vida pasaba por las ilusiones en cinemascope, los besos ajenos, las risas de otros, el llanto sentido y las emociones propias, y en el que descansan los sueños adolescentes y los amores alimentados, no importaba, en blanco y negro o tecnicolor.


[1] Entrevista realizada por Rafael Hernández y Charo Moreno en Radio Vivir año.

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