Cultura, Entrevistas, Talento local — 9 julio, 2014 at 7:19 pm

Elia Barceló, escritora: “Hay que ser imbécil para destruir el país donde se vive”

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 Elia Barceló (Elda, 1957) estuvo en su ciudad natal la pasada Semana Santa. Vive en la ciudad austriaca de Insbruck, en cuya universidad da clases de Literatura Española y Escritura Creativa, desde 1981. Casada con un austriaco y con dos hijos, Barceló nunca ha dejado Elda, a la que viene todos los años y donde ha situado más de uno y más de dos de sus relatos y novelas. Una de estas novelas, El secreto del orfebre (2003) fue la protagonista de un paseo literario por lugares de Elda ya desaparecidos que aparecen en este relato, lectura de fragmentos incluida en espacios ya desaparecidos. La actividad, organizada por el colectivo local Octubre Negro, contó con la escritora como testigo. Barceló mantuvo después un encuentro abierto con sus lectores y paisanos. Derrochó sencillez, simpatía, amor a los libros y tanto sentido del humor como nostalgia de la ciudad en la que fue niña y adolescente. Con veintidós novelas publicadas (omitimos el número de relatos cortos y otros escritos por incapacidad para contarlos), la escritora eldense está considerada como la gran dama de la ciencia ficción europea. Pero ella va más allá y toca todos los géneros. De eso y de otras cosas habla mientras luce unos grandes ojos claros y un mechón de pelo color malva.

 

“Ahora hay mucha gente que está trabajando en hibridaciones, en mestizajes, en cosas raras, pero no siempre ha sido así. En mi caso, las historias me vienen sin que yo me las busque, me caen encima. No me planteo si va a ser esto o aquello, es una historia que quiero contar y, si resulta que hay un asesinato o una investigación, pues está claro que va a ser negra y si hay una cosa que sucede hace tres o cuatro siglos, pues será más o menos histórica. Conozco los mecanismos de cada género, sé dónde están los límites y las fronteras, los paso cuando quiero y no llego cuando no quiero llegar y, sobre todo, me divierto mucho”. Esa diversión está muy presente en cualquiera de sus textos, el lector adivina que Elia Barceló disfruta recorriendo con tanta comodidad como descaro todos los géneros literarios y respetando sus convenciones “porque soy muy respetuosa con los lectores de géneros, sé que una persona, cuando va a comprar una novela negra o de ciencia ficción o de terror espera cierto tipo de cosas y no se le puede dar cualquier cosa que no valga. La transgresión es muy bonita, pero solo se puede transgredir lo que se conoce muy bien, y esto vale para los géneros literarios”.

Amor, tiempo, azar y secretos

“El amor, el tiempo, el azar y los secretos” son las tres obsesiones que atraviesan la obra de Elia Barceló: “Procuro que siempre haya en mis obras una historia de amor muy potente y el tiempo lo utilizo a veces como nostalgia y otras como un hecho real que se puede distorsionar y se puede volver al pasado o ir al futuro o que haya tiempos separados, diferentes, paralelos, que se mezclan. Y algo que utilizo mucho son los secretos, las cosas escondidas en las vidas de las personas que tienen influencia a lo largo de la vida. Y también es muy importante el azar”.

Las historias de Elia Barceló transcurren “en cualquier sitio que conozca bien”. No le fue fácil llegar ahí: “Cuando me fui de Elda era muy joven todavía y solo había escrito ciencia ficción, que pasa siempre en sitios extraños y lejanos. Cuando me planteé mi primera novela, que debía transcurrir en una ciudad normal, no sabía dónde ponerla. Innsbruck aún no era mi ciudad, no la conocía bastante, Elda ya no era mi ciudad y, además, había pasado cinco años en Valencia, pero me parecía muy raro poner una historia en Valencia. Al final, decidí que soy muy cosmopolita y europea y que puedo poner mis historias en cualquier lugar que conozca bien”. Y así ha sido. Algunas historias de Elia Barceló, de hecho, transcurren en Elda directamente o en una especie de Elda del norte llamada Villasanta, como es el caso de “El secreto del orfebre”, situada en una región imaginaria denominada Umbría “donde pasan cosas rarísimas”. Esta región la construyó la escritora eldense junto a los también escritores César Mallorquí, Julián Díez y Armando Boix.

Elia Barceló lamenta que el recorrido literario por Elda lo fuera por lugares desaparecidos tales como el hotel Sandalio, el café Negresco y otros: “Este pueblo ha crecido aceleradamente y cambia cada dos meses, hay sitios fundamentales para mí que ya no están, es una barbaridad. Mi colegio, el colegio de don Pablo, ya no está, han dejado perder el Negresco. Dicen que es algo particular, pero no es así, es la memoria histórica de un pueblo y había que conservarla”.

La escritora eldense se explaya hablando de sus referentes estéticos y cita a Julio Cortázar, Leonar Cohen, que ha puesto banda sonora a toda su vida, Torrente Ballester, Carmen Martín Gaite, Antonia Byatt y, dentro de la ciencia ficción, a Ursula K. Le Guiny, George Orwell, RayBardbury, Philiph K. Dick y hasta a Stephen King: “De él, he aprendido muchas cosas, sobre todo en ritmo, en tensión, en cosas por el estilo”. Cita también de corrido a escritores más modernos y jóvenes como Dan Simons y Tony Willis y a españoles como Ismael Martínez Biurrun y Emilio Hueso. A J.G. Ballard lo tiene en un altar aparte: “Yo leo mucho, mucho, y de todo se puede sacar algo, se puede aprender algo”.

Política

La escritora afirma que suele hablar de política “más de lo que parece y siempre que me peguntan”. Lo hacemos y responde sin tapujos: “Desde fuera, la situación la veo fatal, es una cosa horrorosa, un susto constante, un escándalo y una vergüenza. Cuando España había conseguido llegar a un nivel por el que todo el mundo nos admiraba y nos reconocía como iguales en Europa; cuando la gente, por fin, había aprendido a decir gracias y a ser amable y cumplir los plazos y ser puntual y cosas que, hace cincuenta años, hubieran sido impensables, se está perdiendo todo de repente, se está desmontando todo”. Y señala a “los del gobierno actual, que no sé si por pura intención o porque son unos ineptos están desmontando el país, están destruyendo la educación, la cultura, la sanidad, todo lo que significa futuro, están matando el futuro de nuestras generaciones jóvenes. Ni siquiera intentado ponerme en su lugar puede entender por qué están destruyendo el país. Hay que ser imbécil para destruir el país donde se vive”. Elia Barceló dispara su indignación con la misma voz dulce con la que habla de sus escritores favoritos, pero el tono es muy diferente: “De repente, hay hambre infantil, pobreza infantil, gente que no tiene dónde vivir, que no llega a un mínimo de subsistencia. Y esto pasa en un país rico donde se producen cosas, donde hay valor, inteligencia y ganas. Es vergonzoso”. La escritora, en este sentido, es muy clara: “Estamos volviendo a la época franquista, cuando un señor, en Madrid, me dice a mí si puedo o no puedo tener un hijo, ¿pero qué se ha creído? Se están poniendo medallas a la Virgen, por el amor de Dios. Cuando lo leí, juro que pensé que era una broma, pero era verdad, le habían puesto una medalla a una estatua de palo”.

Barceló no ahorra dardos para la clase política: “Habrá un tanto por ciento de personas decentes, pero hay mucha gente inútil y aprovechada pasando de un cargo a otro durante cuarenta años por la simple razón de estar en un partido desde los dieciséis años. Los políticos decentes deben recordar que son servidores públicos que nos representan y que están ahí para trabajar por la comunidad durante un tiempo limitado”. En este contexto, la escritora ve “con cierta tristeza” el que hayan fracasado las instituciones oficiales, y la prueba es, opina, el surgimiento de numerosos movimientos sociales y ciudadanos, algo que ve con simpatía: “Me parece muy bien que la gente se dé cuenta de que la política es algo que concierne a la res publica y la res publica somos todos. Pero seguimos pagando lo que se supone que tienen que hacer las instituciones y no lo hacen. No hay derecho, estamos pagando unos impuestos y con esos impuestos, sencillamente, se está protegiendo a los que más tienen y no a los que menos tienen. No es decente”. Y concluye confesando su indignación: “Estoy rabiosa porque, cuando veo todo esto, me siento impotente y eso me da más rabia todavía”.

En cuanto a la política de Elda, “la sigo muchísimo menos porque no me da tiempo a todo, pero sé lo que me cuentan mi madre y algunos amigos que tengo por aquí. Eso sí, estoy bastante al día en la parte cultural y lo que se hace aquí me parece fantástico. Pero este pueblo, como otros muchos, tiene unos problemas bastante curiosos. La gente es muy consumista y le gusta vivir bien y pensar que ya se ocuparán los de arriba de hacer lo que tengan que hacer y se contenta con pequeños caramelos en lugar de ir más al fondo. Me figuro que es un problema muy general”.

Nuevas tecnologías

La entrevista concluye hablando de las nuevas tecnologías y del libro digital: “Tengo una cuenta en Twitter, donde soy muy activa, y tuve un blog que dejé, aunque empecé otro en enero de este año, aunque no lo llevo mucho al día porque no llego a todo, aunque voy a seguir con ese blog porque me parece que es la manera de expresar realmente lo que yo siento en determinados momentos. Y sigo mucho los blogs de amigos y de otra gente que no son amigos, pero que me importa lo que dicen. En cambio, no quiero saber nada de Facebook porque he visto su peor cara, no me interesa”. Pero toda esta eclosión está influyendo en la forma de escribir y de leer: “Twitter, los mensajes de SMS, el acceso fragmentario y disperso a la Red, todo eso está influyendo en la literatura, en el modo de escribir y de leer y yo creo que positivamente”.

Por otro lado, Elia Barceló piensa que “el formato libro de papel está en peligro, pro no desaparecerá en mucho tiempo porque hay muchos intereses por en medio y también porque hay muchos bibliófilos. Habrá siempre libros de papel, pero menos, serán para coleccionistas, como pasa con los discos de vinilo. Lo que queremos la mayoría de los lectores es el texto y, cada vez más, nos compramos un libro digital por dos euros, tres euros, seis euros…, nos lo leemos, no ocupa espacio, no ha tenido que morir un árbol y, si no me gusta, lo borro y no pasa nada. Lo que sí hago es que, cuando me gusta mucho un libro que he leído en formato digital, me lo compro en papel. De doce que leo, me compro uno o dos”.

Y la escritora agita su mechón malva y se despide hasta la próxima porque, como siempre dice, “aunque ya llevo más de la mitad de mi vida fuera de España y de Elda, siempre vuelvo”.

Y siempre será bien recibida.

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