Datos, destacados, Reportajes — 16 febrero, 2015 at 2:19 pm

La otra cara de la recuperación; el 90% del empleo generado en Elda es precario.

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Desempleo

Estamos en el año de la recuperación, o al menos es lo que vamos a escuchar en los próximos meses, una cantinela que se repite cual éxito del verano cada vez que se divisa un agitado –esta vez más que nunca– año electoral. Ahora el dato: en Elda, durante el último año, no se ha superado el 10 por ciento de contratación indefinida, perpetuando una precariedad laboral que afecta principalmente a la población más adulta. Además, la tasa de paro continúa en el 20 por ciento, tres puntos mejor que la media estatal, pero todavía lejos de los años de bonanza. 2015 viene cargado de mensajes positivos después de un agónico lustro en el que hemos visto como cada vez era posible caer más bajo, descubrir que, lejos de tocar fondo, nos quedaba un largo camino por recorrer hasta alcanzar cotas de pobreza que a principios de siglo, subidos en lo alto de cualquiera de las grúas que coronaban el paisaje urbano de todo un país que levantaba monumentos a la especulación, no podíamos imaginar.

Hemos pasado lo peor, sí; estamos en el año de la recuperación, puede. Los economistas de medio mundo, aquellos que no acertaron a ver lo que se nos venía encima, transmiten un mensaje de ánimo a nuestros dirigentes: España ha recuperado la confianza de los mercados, una frase que no nos es ajena aunque antes la confianza fuese únicamente lo que teníamos en nuestros padres y los únicos mercados que nos preocupaban eran los de abastos. Una frase ya manida que, desgraciadamente, no tiene traducción al idioma que habla la gente común. Para ellos, para nosotros, solo existe una realidad. Y la realidad es que el empleo sigue siendo una asignatura pendiente que no vamos a aprobar por mucha recuperación que se ponga por delante. España podrá ser un país solvente cuando den las campanadas que anuncien 2016, pero sus habitantes estarán lejos de poder pagar sus deudas cuando han perdido sus trabajos.

Ajustemos de nuevo el microscopio hasta detenernos en nuestra ciudad. Algunos titulares recientes han querido poner el foco en que Elda es la ciudad de toda la comarca del Medio Vinalopó que mayor número de contratos ha contabilizado en enero de 2015. Y el dato es efectivamente cierto. Según los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe), durante ese mes se registraron 1.050 nuevas contrataciones en la población, la misma cifra que en todas las poblaciones del Alto Vinalopó juntas. Sin embargo la cifra deja un sabor amargo cuando se conocen las condiciones de dichos acuerdos laborales. Tan solo el 9,9 por ciento de ellos, un total de 104, son indefinidos; mientras que el 90 por ciento restante, 902 puestos de trabajo, están amparados en la eventualidad y sus beneficiarios dejarán de gozar de un empleo en tres o seis meses o bien encadenarán varios de estos contratos hasta donde permita la ley. La situación no es mejor ahora que hace un año. Sí es verdad que se crean más puestos de trabajo, pero no son de calidad. En el mismo mes de 2014 en Elda se registraron 779 contrataciones, pero solo 87 tuvieron carácter indefinido, un 10 por ciento del total. Los esfuerzos de las administraciones locales, con planes de empleo que no suelen durar más de seis meses, no han hecho sino añadir más leña a este baile de cifras y conseguir espacio de prensa en un momento en el que los titulares referentes a asuntos laborales están más caros que nunca.

La precariedad laboral no es nada nuevo. España lleva sufriéndola desde antes del inicio de la crisis y es una tendencia difícil de cambiar cuando la administración incentiva la llamada contratación basura como un intento a la desesperada de reducir las cifras de desempleo. Estos números sí han ido en aumento de forma exponencial en los últimos siete años, el periodo de recesión en el que estamos inmersos. En este tiempo, dos reformas laborales, una socialista en 2010 y otra aprobada por el PP en 2012, han acabado de dar la estocada a muchos trabajadores que han visto como sus empresas cada vez tenían que cumplir menos requisitos y gastar menos cantidades en indemnizarles. A enero de 2015, Elda tiene un total de 7.695 habitantes en situación de desempleo, 3.000 más que en 2007. Tomando como base la revisión del padrón de 2014 realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la ciudad tiene una población activa de 35.825 personas, con lo que la tasa de paro se sitúa en el 21,47 por ciento. No es, ni de lejos, la situación más dramática que se ha vivido. En enero de 2013 el número de parados en la población era de 8.730, una cifra que doblaba la de 2007 y dejaba una dramática tasa superior al 25 por ciento.

Al igual que en el conjunto del Estado, el colectivo más desfavorecido por esta situación lo forman los mayores de 45 años, un grupo al que la discriminación laboral por causas de la edad continúa haciendo mella sin que los tibios incentivos del Gobierno surtan efecto en un colectivo empresarial cada vez más impermeable.

 A enero de 2015, de los 7.695 eldenses en paro, solo 655 son menores de 25 años, 2.959 tienen entre 24 y 40 años y el resto, 4.080 son mayores de 45 años. Un último dato que debería llevar a una profunda reflexión sobre qué se está haciendo mal: de esta última cifra, el 62,7 por ciento, son mujeres.

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