Costumbrismo, destacados, Entrevistas, Sociedad — 7 marzo, 2016 at 9:31 am

Empresarias del calzado, las grandes olvidadas

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Emprendedoras, corajudas, intrépidas, audaces, arriesgadas, fuera de tiempo, al menos del suyo. Son parte de un grupo de mujeres que estuvieron al frente de empresas de calzado y de su industria auxiliar desde los años cuarenta del siglo pasado, son las grandes desconocidas. Remedios Peñataro, Lolita Miralles, Bárbara Milán y Otilia Cutillas son los nombres de algunas de estas mujeres que tuvieron que luchar en una sociedad donde el rol femenino estaba relegado a las tareas domésticas o al trabajo en la industria del zapato en puestos sin relevancia. Ellas fueron las excepciones, mujeres que por circunstancias personales o por propia iniciativa fueron capaces de ocupar los puestos de mando y alguna, como en el caso de Otilia, formar parte de la élite empresarial en Madrid.

Otilia fue una de esas empresarias destacadas

Otilia Cutillas falleció en 2013 un mes antes de alcanzar el siglo de vida. En 2009 formó parte del grupo de trabajadores de la industria que el Museo del Calzado homenajeó, tal como venía haciéndolo desde años atrás. En marzo de 2010 ofreció una entrevista a la revista Vivir en Elda que reproducimos íntegramente.

Otilia Cutillas. Empresaria del calzado desde 1950

Una mujer fuera de época

Ha cumplido 96 años, conserva intacta la memoria y el aire de mujer activa que la llevó hace más de medio siglo a convertirse en una de las pocas empresarias de la época. Dos veces viuda, madre de dos hijos, abuela de seis nietos y cinco biznietos, Otilia Cutillas Pastor no oculta ese carácter decidido y desenvuelto que tanto le ayudo a superar los problemas del día a día en su fábrica de calzado. Conoce el zapato y cada uno de los pasos que se dan desde que se corta la piel hasta que finaliza el proceso y no le han dolido prendas para ocupar el puesto de trabajo que en cada momento ha sido preciso. Desde la distancia asegura que nunca le faltaron arrestos y recuerda con agrado sus años de trabajo y la relación de cariño que aún hoy mantiene con alguno de los que fueron sus empleados. Otilia forma parte de la excepción en un tiempo en el que, por condiciones de género, ser una mujer empresaria era un fenómeno extrañamente singular.

Otilia en su adolescencia

 

Otilia nació un 25 de noviembre de 1913 en Jumilla aunque a los 16 años se trasladó a Alicante y con 22, en 1935, vivía ya en Elda. Su padre, comerciante de oficio, se trasladó a nuestra ciudad con mirar a montar una tienda de bisutería y su hija Otilia había aprendido el oficio de modista en la capital tras obtener el título de corte y confección.
El destino quiso que comenzase a trabajar como maestra en Artes y Oficios durante la Guerra cosiendo trajes para los soldados. Al finalizar la contienda le dijo a su padre que realmente lo que le gustaba eran los zapatos y quería ser aparadora. “Mi padre me compró la máquina y en tres meses me había enseñado. Lo bueno es que comencé ya como maestra de aparado en una fábrica”. Tras casarse en el año 1941, y después del nacimiento de sus dos hijos, comienzan a fabricar. Su marido, Juan García, era cortador y ambos conocían todo el proceso de elaboración de los zapatos. Cinco años más tarde tenían ya cinco viajantes que recorrían todo el país vendiendo sus productos: “Pepe Llorens por Andalucía, Pedro Candelas por el norte, Vicente Picó en Barcelona, Busquier por el País Vasco y Gaspar Tortosa por Madrid”, recuerda Otilia.
Ya entonces contaban con 60 empleados en la calle María Guerrero, 30. Más tarde se asociaría con el marido de su hermana Encarna, Pepico Amat, recordado también por su labor en el deporte eldense y que fue reconocido en su día dándole su nombre al actual campo de fútbol. A partir de ese momento cuenta que en la fábrica se montó también la cadena y la maquinaria.

Otilia, primera por la izquierda, durante un viaje de negocios a Barcelona

 

Infatigable
En el año 1966 fallece su marido y la razón social cambia a Viuda de Juan García Pomares. Otilia sigue con su lucha diaria y no era difícil verla ocupar cualquier puesto en la cadena de trabajo. “Me ponía las partidas en la cadena, lijaba, daba de cemen, pegaba las suelas… en una ocasión llegué a forrar yo sola, cuando tenía un hueco libre, 3.000 pares de plantas. El encargado me dijo que no las aceptaban al precio que yo podía pagarlas y estuve dos meses haciéndolas en los ratos de las comidas y las cenas”.
La puesta en marcha de la fábrica era trabajo suyo y cuenta que “a las seis de la mañana ya estaba en pie calentando las máquinas antes de que llegasen los operarios”.
Asegura que todas las personas que han trabajado con ella le guardan cariño. “Aún los veo por la calle y me abrazan”. No recuerda conflictos dignos de destacar y asegura con su particular filosofía que sus cuentas siempre cuadraron. “Yo siempre dije que la remesa que se ingresa en el banco debe ser mayor que el cheque que sacas, de lo contrario estás perdido y en nuestra empresa siempre hubo dinero en la cuenta corriente”. Con esa máxima trabajó hasta los 70 años, aunque sabía muy bien como rentabilizar su dinero. “Yo no le daba cuentas a nadie, incluido mi marido, y compraba algún piso y lo vendía para invertir el dinero”.
Otilia asegura que “nunca me devolvieron pares y tampoco tuve impagados”. Esto último posiblemente tuvo que ver con su insistencia a la hora de cobrar ya que, relata como anécdota, alguna que otra vez tuvo que desplazarse personalmente a cobrar letras pendientes sin importarle la ciudad de destino.

Imagen de Otilia en 2010

Reconocimiento.
Poco después de quedarse viuda es reconocida y nombrada como Presidenta de las Mujeres Empresarias de la provincia, cargo que ostentó hasta su jubilación, y asiste con regularidad a reuniones a Madrid junto a otras mujeres empresarias.
También en aquellos años viaja por toda España y algunos países del extranjero. Confiesa que le gusta viajar y se jubila a los 70 años. Esa fecha también coincide con su matrimonio con Pascual González Oriente. “Fueron 12 años en los que fui inmensamente feliz”.
La fábrica ha seguido funcionando con otra razón social hasta el año 2007 y al frente de ella tomaron el relevo generacional su hijo, Juan García Cutillas y su sobrino Pepe Amat Cutillas.
Otilia sabe que la realidad social ha cambiado y que ahora sería imposible manejar una fábrica de la manera que ella lo hizo en su tiempo. Con la nostalgia a cuestas, esta mujer que se vale por si misma y puede vivir sola, muestra el móvil que acaba de comprarse para que puedan localizarla los suyos a cualquier hora y evidencia su agilidad a la hora de buscar los números que precisa.
Otilia es un ejemplo de otras muchas cuyo trabajo, hoy por hoy, navegan en el olvido.

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