destacados, Entrevistas, Reportajes, Sociedad — 29 julio, 2015 at 9:18 pm

Inés Falcó, maestra quesera. De ama de casa a emprendedora

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Vistas del obrador y la pasteurizadora

Si emprender es asumir una actividad no exenta de riesgo y trabajo duro, Inés ha acertado en su elección. Esta joven eldense, madre de dos niños de 14 y 6 años, se ha convertido en maestra quesera montando su propio negocio, un oficio nacido de la necesidad y la intuición, una apuesta por encontrar un hueco en mundo laboral y en un nicho de mercado poco explotado; la elaboración artesanal de quesos. Sus productos se distribuyen en los mercados de Elda y Petrer, así como en diferentes establecimientos de alimentación bajo el nombre de Quesos artesanos Valle de Elda.

Su atalaya ha sido su propia cocina. Allí comenzó a elaborar quesos experimentando con lo más elemental, “con una olla y el termómetro”. Inés Falcó asegura que no había tenido una actividad laboral remunerada ya que hasta hace poco tiempo se dedicaba a las tareas propias del hogar, una labor que llegó a complementar con su aportación al negocio familiar. Ya entonces se distinguió por hacer tareas tan poco comunes a su propio género como el trabajo de soldadora y de ahí que no tenga problemas cuando tiene que dar forma o acortar algún mueble metálico, ya que se desenvuelve con holgura con estas herramientas. Entregada al deporte –está integrada en el equipo de veteranas de balonmano femenino y en el Máster de natación del CCE– asegura que no tiene inconvenientes a la hora de asumir tareas pesadas.

Su situación personal la abocó a una búsqueda de soluciones para poder abordar sus necesidades y mantener a sus dos hijos. La crisis, y las escasas oportunidades laborales, la hicieron decantarse por una de sus habilidades ya probadas, la elaboración artesanal de queso. Esta práctica ha sido la solución para esta mujer inquieta y trabajadora, que en menos de un año ha puesto en marcha todo un engranaje en el que se ocupa íntegramente de todo el desarrollo; elaboración, comercialización y distribución de los quesos. 

Inés en su mesa de trabajo

El proceso

Inés comenzó a preparar quesos en su propia cocina, vendiéndolos a su entorno más cercano, con la creación de una red esencialmente familiar. Al comprobar la aceptación del producto comenzó a pensar en producirlo en mayor cantidad y de ahí pasó a tener consciencia de la necesidad de obtener una licencia, elaborar un plan e invertir en la puesta en marcha de un negocio.

El manejo de una materia tan sensible como la leche de cabra, supuso comenzar a dar pasos en un procedimiento administrativo que le permitiese manipular esta materia con garantías al obtener un registro. “Los técnicos de Sanidad me han ayudado mucho con sus exigencias. Ahora me resulta más fácil pero he tenido que aprender a llevar todos los registros y análisis precisos para garantizar la calidad de la leche y consecuentemente la de los quesos”.

Inés ha aprendido a maniobrar con diferentes herramientas que hasta ese momento le eran desconocidas, desde el análisis de las tiras reactivas para localizar antibióticos, hasta la guía práctica y otras tareas por las que ha tenido que ahondar en la versatilidad. “No ha habido más remedio que aprender. Por poner un ejemplo, ahora manejo sin dificultad mis pedidos y llevo mis cuentas desde el portátil”.

El local en el que trabaja se ajusta a sus necesidades. “No es muy grande pero tiene de todo; obrador, almacén, despacho y una pequeña entrada con mostrador”. En esa primera pieza, el obrador, elaborar el queso y el requesón que más tarde comercializa.

Directo a la mesa

Inés elabora el producto dos veces por semana y lo distribuye inmediatamente. Otra de las inversiones fuertes que tuvo que hacer en su momento –al margen de la pasteurizadora y los elementos precisos para trabajar el queso– fue la de un vehículo especial para este fin. El proveedor de leche es un cabrero de Monóvar, Juan Luis Gimeno. Hasta allí se desplaza todas las semanas para conseguir el producto base; la leche de cabra. “La recojo allí mismo y pasa directamente de la cabra, después de ser ordeñada, a las cántaras. El siguiente paso es el obrador. Tras pasteurizarla se cuaja la leche y se separa por un lado el queso y por otro el requesón. Luego pasa por los moldes y por último llega el embalaje, antes de entrar a la cámara frigorífica. El punto final es la distribución”.

Inés junto al vehículo que utiliza en la distribución

 

Inés está a punto de cumplir un año de trabajo como empresaria y cuenta que todavía no ha alcanzado los objetivos trazados en su plan de negocio, aunque está cerca de conseguirlos. No descarta crecer como negocio en un futuro, pero siempre vigilante para no dejar de lado el elemento diferenciador de su producto; el control y la calidad de una materia artesanal apreciada precisamente por estos valores.

Imágenes cedidas

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2 Comments

  1. Son productos buenísimos y de calidad yo los consumo y me encantan .
    Enhorabuena INES .

  2. Cierto, cierto.
    Unos quesicos estupendos.
    Solo necesitaban ser descubiertos.
    Gracias Inés por dejarnos disfrutar de ellos. ¡¡¡SUERTE!!!

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