Reportajes — 15 abril, 2014 at 10:45 pm

Niñas de posguerra

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Última instantánea de los niños tomada en la estación de tren antes de su partida en febrero de 1950

Última instantánea de los niños tomada en la estación de tren antes de su partida en febrero de 1950

Elda fue uno de los destinos de los 4.000 niños austriacos que llegaron a España después del a II Guerra Mundial a través de Cáritas y Cruz Roja entre 1945 y 1949. A finales de ese periodo llegarían a la ciudad varias niñas y un niño, entre ellas Edda Schinek, que convivió durante meses con  la familia del fotógrafo Berenguer y durante años siguió carteándose con su “mamá y hermano Vicente”. Sus cartas, y las de su madre, describen las necesidades vividas en una Viena ocupada por las fuerzas vencedoras, sus huellas han quedado impresas en el mismo epistolario en el que  puede verse claramente el sello de la Agencia de censura austriaca. En Elda hubieron  ocho niños más que convivieron con otras tantas familias. Al día de hoy, pese al poco tiempo que estuvieron en la ciudad todavía se recuerdan sus rubias cabelleras  y alguna de ellas, como Ermelinda Weisch, ha estado vinculada a la ciudad, a través de su amiga-hermana Antoñita, hasta su muerte.

El rastro de los 4.000  niños austriacos aparece en publicaciones como ABC en lo que sin duda sería su última etapa en nuestro país en 1949.

Curiosa perspectiva de Edda desde los antiguos aseos de Castelar

Curiosa perspectiva de Edda desde los antiguos aseos de Castelar

La historia de Edda es sólo un ejemplo de las vicisitudes que en el año 1949, cuatro años después del fin de la II Guerra Mundial, vivían algunos países de Europa. Por las cartas traducidas de su madre podemos saber que eran de origen alemán y procedían de Praga. Tras la entrada y ocupación de los rusos fueron expulsados de su casa y deambularon, la madre y sus dos hijos, hasta que un hermano los recogió en Austria. En la época en la que se carteaban desconocían el paradero del padre y no sabían por tanto si estaba muerto en combate o preso. Toda esta información aparece en una carta enviada el 20 de noviembre de 1949 a la familia del fotógrafo Vicente Berenguer que fue la que acogió a esta niña de 8 años.

En la traducción Herminia Schimek cuenta que “ no solamente he perdido a mi marido sino que nosotros hemos perdido nuestra hermosa casa”. Añade que vivía en Praga y “porque éramos alemanes debía dejarla, colocar las cosas en su sitio y marchar con mis dos hijos pequeños. Nunca jamás fui acogida por mis parientes y más de tres años estuvimos sin patria cierta hasta que mi hermano volvió del cautiverio y nos acogió”. ( 20 nov. 1.949)

En la misma carta escribe a su hija y le da recomendaciones sobre cómo debe actuar con su familia adoptiva:

“Que no rondes mucho por las calles, sólo si tu madre adoptiva te lo permite. Se siempre buena y activa, que no tenga ninguna queja”. También le pregunta por el tamaño de la ciudad y le indica que ayude a su madre adoptiva  en todo lo que pueda y añade que Berudi (posiblemente el hermano) “ha aumentado dos kilos, ya va a la escuela y ha dado alcance a los niños”. La madre apunta a Edda que no puede enviarle el diccionario que le ha pedido “es demasiado caro”.

Edda escribe regularmente a su nueva familia española, llegada a Viena, y es curioso ver como se defiende en español a pesar del poco tiempo que estuvo en nuestro país. Pregunta por el trabajo de Vicente, y envía recuerdos para toda la gente que conoce, una por una. Del mismo modo agradece los presentes que le llegan de España e insiste en que su madre le da largas para volver a nuestro país y le pide a su madre adoptiva que vaya a Viena “vente a Austria a por  mi”. Toda esta documentación sigue siendo sellada por Allierte Zensurstelle. Z. 1 la censura austriaca.

Edda con su madre adoptiva en Castelar

(10-11-50) Edda  le pide a su madre española que le envíe un poco de turrón y en otras cartas dice que los zapatos que se llevó de España le están  muy pequeños y que los lleva su hermano. Le pide unos zapatos a la vez que unas cajas de pinturas y unos borradores. La nostalgia se desprende de cada una de sus cartas y asegura que llora cuando escucha canciones españolas en la radio.

El rastro epistolar se pierde y del año 1980 la familia conserva un diploma en el que el Instituto Hispano Austríaco concede, tal como reza en el texto, el “Diploma de Honor a la Amistad Hispano Austríaca a D.Vicente Berenguer Urbán por su comportamiento ejemplar con Edda”. El acto contó con la presencia del Presidente de la República Federal de Austria y en  él se rindió homenaje a las familias que al final de la II Guerra Mundial acogieron a niños austríacos.

Fallecimiento.

La madre de Edda comunica su muerte a la familia Berenguer el 7 de enero de 1981, en contestación a la carta que la familia escribe el 4 de diciembre de 1980. Herminia les informa que, tras un tiempo de enfermedad, Edda falleció  el 1 de junio de 1979 y  destaca que no quiso escribir antes la respuesta por lo señalado de las fechas.

Ermelinda y Antoñita. Cerca de sesenta  años de amistad

Ermelinda Weisch  fue otra de las niñas que llegaron procedentes de Austria. El jueves 26 de mayo de 1949. El diario ABC recoge en un titular “Otros quinientos niños austríacos  en España” y posiblemente los refugiados de Elda, ocho niñas y un niño, hermano de una de éstas, fuesen parte de esta expedición. Antoñita Bertomeu recuerda que la primera vez que vio a Ermelinda fue en el balcón de la casa de sus padres de acogida, Mercedes Juan y Rafael Anaya, en la calle Nueva al paso de la procesión del Corpus Cristi. Antoñita tenía cinco años más que Ermelinda y se quedó prendada al verla. “Era como la hermana que nunca tuve” recuerda emocionada, “y no dudé en  pedirle a mi madre que me acompañase para pedirle a sus padres que me dejasen estar con ella. Tenía unas trenzas rubias preciosas”.

El matrimonio, que no tenía hijos, estuvo encantado con la petición de Antoñita, que desde ese momento se convirtió no sólo en la compañera de juegos sino en la hermana mayor, una amistad que duró hasta el fallecimiento de Ermelinda en octubre de 2008.

“No importa la distancia, el estar cerca es cosa del corazón”  Ésta es una de las frases que consta en el recordatorio de su muerte, escrita en la lengua que marcó en ella un camino diferente.

Toda una vida.

Ermelinda y Antoñita junto a la fuente de Castelar

Antoñita Bertomeu recuerda prácticamente el nombre de todos los niños que  llegaron y las familias en las que fueron acogidos. “En mi casa, en la calle Antonio Maura, teníamos un patio con  jardín interior enorme y allí se juntaban a menudo para jugar. Mi padre bromeaba con ellas cuando hablaban en alemán”. Las niñas aprendieron pronto el idioma “ y se enseñaron a leer y escribir en nuestra lengua” La artífice de este logro fue Dña. Antonia Martínez, una profesora del colegio Padre  Manjón.

Las niñas acogidas estuvieron sólo unos meses en Elda pero, pese al poco tiempo de estancia, desarrollaron fuertes lazos de amistad con sus padres adoptivos y, en este caso concreto, con su amiga-hermana, Antoñita.

“Se notaba las carencias que tenían, habían pasado mucho y lo sintieron ellas y nosotros al marcharse”. De Ermelinda cuenta que sus padres adoptivos la acomodaron en una cama  de níquel que ella misma bautizó como su “camita de plata”. La vida de las niñas fue intensa en ese tiempo “ las recuerdo en una obra de teatro en la que participaron” relata Antoñita, que a duras penas contiene la emoción cuando habla de Ermelinda . “Conozco su país y todos por los que ha viajado a través de las fotos que me enviaba. Cuando se marchó seguimos carteándonos y llegó un  momento en el que, imagino, por cambios perdimos el contacto. Años más tarde apareció con su hija”. El vinculó, perdido temporalmente por las comunicaciones, se restableció de nuevo y nunca volvió a perderse. “Quería tanto a Elda que tuvo incluso el pensamiento de comprar aquí una casa. Cuando venía íbamos al cementerio a ponerle flores a sus padres adoptivos”.

Ermelinda posa junto a sus padres adoptivos

Antoñita conserva fotografías de Ermelinda y de todos los viajes que ha realizado por el mundo. “Era como si yo también viajase y conociese todos esos rincones”. También Ermelinda ha estado presente en momentos importantes de la familia como una más y en el anverso de alguna de las imágenes puede verse la dedicatoria “a mi hermana”.

El cincuenta aniversario de su amistad lo celebraron en España con tarta incluida y tenían previsto, en 2009, conmemorar el 60 aniversario. La muerte de Ermelinda en 2008 truncó esta celebración pero aún así uno de sus hijos viajó a España para estar junto a la familia de la que durante tantas décadas fue considerada como una hermana.

Sobre el rastro de otras niñas Antoñita cuenta que alguna ha fallecido, de los dos hermanos se perdió la pista y que coincidió con una de ellas en la ciudad cuando estaba de visita con su familia de acogida. La desgracia de aquellos pequeños les vincularía para siempre a la ciudad y a las familias que los acogieron.

Publicado en Vivir en Elda

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2 Comments

  1. En noviembre de 1949 conocí a Gertrude Purt, natural de Viena. Entonces ambos teníamos 12 años y establecimos una bonita amistad, pero cuando ella regresó a Austria, se perdió nuestra relación, debido a la dificultad idiomática. Yo entonces vivía en Callosa de Segura (Alicante). Nunca volví a verla. Ahora vivo en Madrid y tengo 76 años.

  2. El Club Encuentro consiste en primer lugar de “Niños austriacos” que fueron acogidos con mucho cariño de familias españolas después de la Segunda Guerra Mundial, dándoles así una segunda patria.
    http://www.club-encuentro.com/

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