destacados, Reportajes, Sociedad — 9 febrero, 2016 at 12:27 am

Tierra y autosuficiencia. La huerta como terapia

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Trabajan la tierra. Planifican, siembran, recogen y comen sus frutos. Participan de todo este proceso a la vez que cultivan sus habilidades sociales y se entrenan en un programa de autosuficiencia doméstica. Forman parte de un proyecto vivo que nació para alentar su independencia y que podría convertirse, en un futuro, en una opción laboral para alguno de ellos. Usuarios de Cruz Roja y de la Asociación de Familiares de Enfermos Mentales (FEM) son los destinatarios de esta iniciativa liderada por un equipo de voluntarios de ambos colectivos en las dependencias del FEM.
Terapia de grupo, reparto de tareas, trabajo en el huerto y comida comunitaria, forman parte de la dinámica de estas jornadas en las que se estimulan valores como el respeto y la tolerancia en comunión con la naturaleza, una forma de mostrar y de ver la vida de manera real y diferente.

Ha pasado año y medio desde la puesta en marcha de esta iniciativa que arroja un saldo de trabajo duro pero gratificante y que produce sus frutos casi al mismo tiempo que sus cosechas. Isabelo Gómez es el creador de la propuesta. El proyecto inicial “Formación para la autosuficiencia doméstica”, nació ante una realidad que él evidenciaba en el día a día. “Yo pasaba consulta en Cruz Roja como psicólogo y me daba cuenta de la dificultada de algunas personas para desenvolverse en el ámbito doméstico. Me llegaba gente, por ejemplo, que llevaba comiendo bocadillos desde que falleció su madre cinco meses atrás. De todas esas historias, ante la certeza de esta necesidad partió la idea”
El siguiente paso fue presentar el proyecto y su sorpresa, tras un año de espera, fue la aprobación del mismo y la respuesta: tenía que buscar un terreno si quería ponerlo en marcha. En ese rastreo para localizar un espacio llegaron a AFEM. La respuesta, de su presidenta, fue inmediata y entusiasta. La única condición del colectivo fue que se integrasen en el proyecto los enfermos mentales de la asociación. Y así se hizo, uniéndoseles a éstos, aquellos usuarios que Cruz Roja, tras la pertinente evaluación, deriva al proyecto. En ambos casos coinciden personas jóvenes aunque con perfiles diferentes, ya que los usuarios de Cruz Roja suelen participar menos tiempo al ser personas que atraviesan situaciones complicadas en materia de trabajo o situaciones de desestructuración, y fluctúan mucho más que los enfermos.
De ese modo comenzaron a trabajar el terreno no edificado que ocupa la parcela en la que se sitúa el centro. Cruz Roja ha facilitado en este tiempo todo el material necesario y el soporte técnico, mientras que AFEM ha dispuesto las instalaciones junto al terreno, luz y agua.

En la actualidad participan en el proyecto alrededor de 14 personas, entre usuarios del centro y Cruz Roja, y cuatro voluntarios; tres de Cruz Roja y uno de AFEM.Juan Medina, voluntario de Cruz Roja, destaca que la parte más gratificante del proyecto es la convivencia que se genera y por otro lado incide en la falta de voluntarios que se involucren en esta tipo de iniciativas “necesitamos más gente”. La presidenta de AFEM, Julia Fernández, asegura que están muy satisfechos con los resultados. “Apostamos por la idea que nos proponían desde Cruz Roja. Teníamos el espacio y las condiciones. El hecho de que nuestros enfermos y los usuarios de Cruz Roja trabajen, recolecten, elaboren sus platos y coman juntos, les supone mucho. Se sienten útiles y comprueban que se puede vivir con mucho menos”. Apunta que los beneficios que han conseguido en este tiempo son importantes y que así lo reflejan también las propias familias, poniendo ya la vista en la segunda parte de este proyecto que podría desembocar en la creación de una empresa de economía social que pudiese dar trabajo a alguna de estas personas. “Mientras tanto lo que pretendemos es que las personas que vengan puedan llegar a funcionar de forma independiente y que puedan hacerlo así en su vida diaria”.Juan asegura que son un grupo cohesionado y sin jerarquías. “Aquí todos nos involucramos y hacemos de todo”.

La rutina
El grupo se reúne los martes y jueves en centro de AFEM. El comienzo de la jornada es a las 10 horas y finaliza a las 15.30 horas, tras la comida.
La primera hora se dedica a la terapia. Isabelo Gómez, psicólogo y voluntario por AFEM, dirige la charla sobre los asuntos que los usuarios proponen. “Siempre son temas que les afectan o les inquietan. Antes de las elecciones querían conocer las propuestas de los partidos políticos y los invitamos a que se las expusiesen. Hay que hacerles ver como es la sociedad en realidad, no como en muchos casos les han mostrado su familia, que han querido sobreprotegerlos. Queremos que ellos tengan autonomía”. Ese primer contacto es importante para arrancar el día y, tras un breve descanso, el siguiente escenario es el huerto.

Huerto y cocina
En el espacio de cultivo hay plantadas 30 variedades diferentes; acelgas, apio, habas, guisantes, legumbres… todo aquello que luego les sirve para elaborar la comida.
El respeto por la naturaleza es obviamente una prioridad y de ese modo todo lo que se cultiva es ecológico. “Estamos fabricando nuestro propio compost”. Nos indican Isabelo y Juan, mostrándonos la compostera que han situado en uno de los rincones, para aprovechar todos los desechos y así conseguir el abono orgánico. “Los técnicos de Alicante nos visitan y nos dan las bases mínimas para seguimiento de plagas. No echamos nada de productos químicos”.
Hoy tocaba siembra de patatas y es Isabelo el que las corta y prepara antes de dar las directrices en el huerto. Mientas, en otro lugar del huerto, otro grupo arranca las malas hierbas.

Más tarde llegará la hora de la comida, siempre con productos recogidos del huerto, y con la aportación de Cruz Roja en aquellas materias que no se producen en la tierra. Aquí es importante la apuesta por las habilidades de la vida diaria; preparar y poner la mesa, fregar, arreglar la cocina o ver lo que cocinan, hábitos fundamentales para conseguir avanzar en el camino de la integración.

La jornada finaliza tras la comida y una vez que todo está perfectamente recogido.

Un proyecto vivo
Juan Medina destaca las fases del proyecto y la necesidad, tras comprobar su desarrollo, de ir añadiendo cambios. La última fase sería buscar una fórmula para conseguir que se ampliase la producción y pudiese ser rentable. Para esto deberían buscar espacios diferentes si el fin es una cooperativa de trabajo asociado. Se habla ya de un perfil de presión, no ocupacional, para conseguir esa rentabilidad y con “equipos ya de mantenimiento”.
Isabelo apunta la receptividad del nuevo equipo de gobierno municipal ante esta idea y la necesidad de unir fuerzas con otros colectivos para conseguir sacarlo adelante. “El final podría ser un proyecto integrador basado en la diversidad del que formasen parte otros colectivos de la ciudad”.

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